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Domingo, 25 Octubre 2015 18:44

Cómo ha sido la experiencia del poblado de Esquiña

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Tras un año de luz gratis y suministro sólo con paneles solares. Antes un motor a petróleo los abastecía solo dos horas al día. Ahora irrumpieron los televisores y refrigeradores, pero algunos extrañan la antigua vida en comunidad.

“Antes, a las siete de la mañana, salía de mi casa y caminaba hasta la escuela. Siempre con la linterna alumbrando, me iba a la cocina, al lado de las salas, y les preparaba el pan y el desayuno a los niños. Y todo a oscuras”.

Así recuerda Sonia García cómo era su vida hasta hace poco más de un año en Esquiña, pueblo ubicado 130 kilómetros al sureste de Arica, al interior de la quebrada y valle de Camarones.

“Ahora es otra cosa. Tenemos un refrigerador, que antes no se veían por acá, y puedo guardar ensaladas, carnes, postres y quesos”, añade.

Hace un año esa localidad del extremo norte, de 40 habitantes permanentes y 25 casas, se convirtió en la primera del país en tener abastecimiento de energía eléctrica gratuito, durante las 24 horas, gracias a paneles solares fotovoltaicos instalados en el techo de la sede vecinal, además de un sistema complementario en la escuela e internado, el que atiende a diez menores.

“Llegar acá a Esquiña no es fácil. Son como tres horas en vehículo desde Arica, la ciudad más cercana. Y antes era peor”, cuenta Gregorio Manzanares, que con sus 75 años es el patriarca del pueblo. “Recién en 1960 tuvimos la primera escuela. El viaje de los profesores incluía un traslado de al menos ocho horas a caballo. Todavía no tenemos el camino pavimentado -30 kilómetros- pero sí hay televisión todo el día y la noche, y otras cosas que no entiendo como el internet”, agrega.

A unos 50 metros de la casa de Gregorio, que como todas las del pueblo fueron adaptadas para recibir la nueva tecnología -todos los cables fueron entubados-, funciona la escuela.

Computación y quesos

Joel Cáceres es su único profesor, además de director y encargado del recinto. “A veces gastábamos hasta 60 litros de petróleo al mes para alimentar el motor que nos daba luz solo dos horas al día, generalmente hasta las nueve o las diez de la noche. Solo había clases con tiza y pizarrón. Los niños no sabían qué era un computador, pero se adaptaron muy rápido”, indica.

Una de sus alumnas es Andrea Mamani (9). “No echo nada de menos de cuando no había luz, porque todo era aburrido. Ahora veo hasta cuatro novelas al día y cargo mi celular cuando quiero para jugar con él”.

La llegada de la luz también favoreció la producción local de quesos (de cabra), que del auto consumo pasó a su comercialización en Arica.

“El electrodoméstico más importante que tenemos es el refrigerador. Antes había que comer las cosas, carne y frutas, en el momento. Teníamos mucho charqui, eso sí. Pero ahora nos juntamos menos entre nosotros. Antes salíamos a caminar, conversábamos y ahora cada uno en su casa, la mayoría viendo ‘tele’”, reclama Patricia Calle.

194 millones de pesos fue la inversión total en esta pionera iniciativa. Los recursos fueron aportados por la Subdere.

10 años sería la vida útil del sistema de paneles fotovoltaicos, el que actualmente recibe mantención en forma mensual.

 Alcalde quiere replicar el proyecto en otros poblados

La iniciativa se gestó a principios de septiembre de 2013 y se habilitó un año más tarde.

Actualmente, Esquiña cuenta con una planta solar fotovoltaica, que opera gracias a 92 paneles instalados a cuatro metros de altura, en el techo de una sede vecinal, para captar la luz y radiación solar.

La energía también carga un sistema de 172 baterías que permiten tener abastecimiento eléctrico por la noche, lo que también incluye el alumbrado público.

La mantención, que es mensual, está a cargo de un electricista que trabaja para el municipio de Camarones. Iván Romero, alcalde de la comuna nortina de poco más de mil habitantes, señaló que “nos cambió la vida a todos y ahora hay que apuntar a consolidarlo y que sea la propia comunidad la que se haga cargo de la mantención en el futuro”.

“Pero como es la primera experiencia de este tipo, al principio pagamos un poco el noviciado. Hubo fallas técnicas de las que nos hicimos cargo”, añadió.

El edil anunció que el municipio postulará ante la Subsecretaría de Desarrollo un proyecto para incorporar, al menos, otras tres localidades de su comuna. “Nos va bien y hay que replicarlo”, indicó.

Pero ya hay algunos adelantos. En el poblado de Illapata, a unos cinco minutos en vehículo de Esquiña, cuentan con paneles termosolares en el techo de las casas y en la escuela de la localidad, de menos de 30 habitantes permanentes que viven de la agricultura y del pastoreo de ovejas y cabras. “Por ahora, solo nos sirve para calentar el agua”, manifestó Jacinta Caritalla.

Fuente: El Mercurio

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