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Viernes, 26 Diciembre 2014 09:33

El plan académico que sueña convertir a Arica en una ciudad solar

El geógrafo chileno José Etchverry se mueve en bicicleta los 365 días del año. No se inmuta pedaleando a una temperatura que en invierno promedia los -7 °C en la ciudad donde viven, Toronto."Mi señora es menos fanática. Cuando empieza a nevar, ella prefiere usar el autito, que es 100% eléctrico",
El codirector de la iniciativa de Energía Sustentable de la Universidad de York y su familia realmente predican con el ejemplo. "Vivimos en una casa solar fotovoltaica", cuenta. Él mismo construyó e instaló en el techo y una muralla los 26 paneles que les proporcionan energía eléctrica y agua caliente solar.También aplican principios de conservación y eficiencia energética. Gracias a la aislación de muros, ventanas y techo y con la calefacción apagada, en un día de invierno la temperatura no baja de 14 o 15 °C. Casi 20 grados más que de la puerta hacia afuera. En verano un sistema de persianas y corrientes de aire evita usar aire acondicionado.En un año los cinco consumen la misma energía que un solo canadiense promedio."¡En un país como Chile, donde el sol brilla todo el año... pfffff!", exclama cuando preguntamos si aquí sería posible.

Jose Etcheverry

Con sol y agua

Siete mil kilómetros al sur de Toronto, Arica resplandece bajo el sol. Es ahí donde Etcheverry quiere demostrar que se puede. "La idea es que Arica sea la primera ciudad solar de América Latina", sentencia.Para lograrlo tiene alianzas con la Universidad de Tarapacá (UTA), destacados centros de investigación internacionales y jóvenes ingenieros locales que fueron sus discípulos en York. Esperan además sumar voluntades entre autoridades y privados.Etcheverry quiere seguir el modelo de la isla de El Hierro, en Las Canarias. Desde junio pasado, sus 10 mil habitantes se abastecen casi por completo de energías renovables gracias a cinco generadores eólicos, que además permiten bombear agua desde un depósito situado a nivel del mar a un embalse ubicado 700 metros más arriba. Si el viento escasea, el agua se deja caer a través de turbinas que generan energía hidroeléctrica.En Arica la idea es usar la energía del sol y potenciar con ella la capacidad instalada de la Central Hidroeléctrica de Chapiquiña, ubicada a 3.200 m de altura. Esta hoy genera 10,2MW con la caída de aguas del canal Lauca desde una piscina ubicada mil metros más arriba. Si el caudal de agua fuera mayor, la planta podría generar hasta 40MW.Esto podría lograrse "si ponemos cerca de Chapiquiña una planta fotovoltaica que durante el día suba el agua de vuelta a la piscina de arriba para acumularla y en la noche la deje caer por las turbinas, generando así energía para las horas sin sol. Con esto alcanzaría para abastecer a Arica y todas las comunidades aledañas", explica Pablo Godoy, ingeniero comercial experto en energías renovables y uno de los alumnos de la UTA que ha estudiado con Etcheverry en la U. de York.En los próximos días, el experto viajará a Arica para inaugurar un laboratorio solar de última generación y "firmará la constitución de una fundación destinada al desarrollo de iniciativas en el ámbito de la innovación y la sustentabilidad", adelanta Priscilla Aguilera, ingeniera civil industrial y la primera estudiante de la UTA que fue alumna de él.Etcheverry no para. "Esos son solo algunos de los proyectos que tenemos", dice. Y, agrega entusiasmado: "No podemos perder tiempo. Los beneficios sociales y económicos de las energías renovables tienen que ser vistos y experimentados por toda la comunidad"."Chile es rico en energías renovables. Lo que tiene que sacudirse es la pobreza de imaginación. Nos falta creatividad y generosidad para pensar un futuro mejor".

Fuente: El Mercurio

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